Me fallaron tantas veces...
Me fallaron miles de veces y me levanté a pesar de todo. Perdí amistades por traiciones y algunas por puro
orgullo, aunque sobre todo por ser fiel conmigo mismo. Odiando las despedidas, me despedí entre lágrimas
de gente que ahora forman parte de mi corazón, que a día de hoy sigo recordando mirando al cielo con una
sonrisa. Por situaciones así, entendí que la vida no es color de rosa, me di cuenta de que la madurez no es
una edad, se madura con las caídas y experiencias que vivimos a diario sabiendo luego llevar todo tipo de
situación.
Por qué lo fácil es que digan que tienen dos dedos de frente y lo difícil es que luego con actos lo
demuestren.



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