Puedo sentir lo fuertes que son mis latidos por ti.

Puedo sentir lo fuertes que son mis latidos por ti.
Y tengo la indescifrable y descontrolada necesidad de escribir sobre ti.
No es algo que no haya deseado evitar antes, pero se vuelve complicado dejar de escribirte a ti aunque no me leas.
Quizás jamás me leas y de ese modo pierdo la timidez de decir lo que odio de ti ya que jamás lo dije en tú presencia. 
Odiaba cada vez que me hablabas de fútbol o de aquellas veces en qué no aceptabas leer junto a mi un libro.
Detestaba sentirme nerviosa ante esa sonrisa tan estupenda y llena de vida.
No me gustaban las veces en que rechazabas un café de mi parte, tampoco me gustaba la forma en la que tan concentradamente me mirabas, me hacías sentir transparente como si todas mis imperfecciones y miedos estuvieran a tu alcance, que fueran tan notables.

Pero definitivamente y irrevocablemente odio la manera en qué decidiste irte, dejaste mi mano vacía, mis ojos sin vida, pedazos de mi por todas partes, café amargo, y menos sonrisas.
Sí, puedo sentir lo fuerte que son mis latidos por ti... pero son de rabia y disgusto no son de emoción. 

Comentarios

Entradas populares