Y fue tu culpa
No, tú me perdiste a mí!
Y fue el eterno repetir, de dos individuos que auto convencidos que el uno había perdido al otro, no pudieron jamás comprender que en estas instancias no existen los ganadores, ambos levantaban el estandarte de la derrota como si de la victoria se tratase.
Su camino era pintado por el orgullo y su andar lo aferraba al suelo que pisaban.
Ni siquiera mayores recuerdos prevalecieron en aquellas instancias, solo la sensación de un falso triunfo.
Y si, ambos fueron felices, cada cual con sus propios reemplazos de lo que ya creían que no funcionaría, y con sus nuevas adquisiciones, se galardonaron por las sendas del mundo social que los rodeaba.
Cuenta la leyenda, que por mucho tiempo los sueños solían acosar a estos dos individuos, intentando unir lo que nunca debió ser divisible.


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